En la estela del gran éxito obtenido con la pistola Beretta 92F, que, fabricada a partir de 1975, en poco tiempo se convirtió en el arma corta de ordenanza de numerosos países, al empresa italiana pensó que había llegado el momento de proponer una variante muy particular, capaz de disparar a ráfaga y, por tanto, destinada a cubrir un sector del mercado que hasta entonces había sido muy poco explorado.

En la década de 1970, cuando arrancó el proyecto que llevaría a la 93R, existían muy pocas pistolas ametralladoras, es decir, aquéllas capaces de hacer fuego automático. De hecho, sólo existían algunas versiones particulares de la Mauser C-96 dotadas de selector (y que de hecho databan de principios del siglo XX) y la voluminosa Stechkin, producida en la Unión Soviética en la década de 1950 para los cuerpos especiales militares. Estas armas, empero, carecían de dos cualidades propias de los subfusiles: estaban pensadas para tirar a una mano, con lo que resultaban difíciles de controlar, y no tenían un limitador de ráfaga, es decir, un dispositivo que evitase que las ráfagas fueran incontroladas. Desde el principio, los ingenieros de Beretta decidieron corregir estos defectos y, utilizando el modelo 92F como base de partida (el de técnica más fiable de la casa), empezaron a introducirle modificaciones más o menos sustanciales.



Conjunto de cañón y corredera; obsérvese el perfil de las ranuras de compensación en el vuelo del primero.


Uno de los primeros problemas que debieron afrontar los proyectistas fue el de la empuñadura: de hecho, la 92F había sido pensada para tirar a una sola mano. La empuñadura de una pistola suele estar en el punto en el que recae la máxima energía de la munición disparada, el llamado “retroceso”, y aunque se agarre a dos manos, éste sólo se corrige parcialmente, pero en ningún caso se soluciona. Por lo tanto, era evidente que para contrarrestar el fuerte retroceso que era esperar al tirar a ráfaga, sería necesario montar una segunda empuñadura por delante de la recámara de la pistola.
La idea estaba clara, pero el problema era cómo conseguirlo sin aumentar las dimensiones del arma. Este dilema se resolvió de forma brillante: mediante una empuñadura abatible. Ësta se hallaba delante del guardamonte a fin de ofrecer apoyo suplementario a la mano débil del tirador, que ahora tenía la posibilidad de pasar el dedo pulgar por el interior del guardamonte agrandado.



Detalle de la empuñadura delantera basculante.


Sólo quedaba por resolver el problema de que el cargador se vaciase de una sola ráfaga, una cuestión que pasaba por introducir un sistema de limitación, algo a lo que hasta ese momento no se había enfrentado ningún fabricante. Después de muchos estudios y pruebas prácticas, se encontró por fin el mecanismo deseado, es decir, un dispositivo que limitaba las ráfagas a sólo tres disparos. Esta innovación fue rápidamente patentada y mantenida en secreto, pues estaba destinada a caracterizar en el futuro a todas las armas de asalto.



Una de las diferencias más apreciables entre la 93R y la 92F reside en la empuñadura principal, que en la primera es más gruesa y larga. Ello se debe a que, debajo del as cahcas, se encuentra un sistema de control de la ráfaga uqe consiste en una cremallera dentada que está vinculada al desconector. Cuando se coloca el selector en ráfaga, la palanca del desconector entra en contacto con la cremallera; ambos componetes se abaten y, en consecuencia, el funcionamiento del desconector interrumpirá la cadena de disparo a cada tiro. La cremallera, dotada de tres dientes, queda trabada por su parte superior por un gancho. Al hacer fuego, cada disparo no sólo provoca el retroceso del arma, sino que suelta un diente de la cremallera y hace que se enganche el siguiente; es decir, que dicha cremallera va subiendo un diente a cada disparo. Esta secuencia se repite en los dos disparos sucesivos, hasta que dicha cemallera deja de estar en contacto con la cadena de disparo y se interrumpe el automatismo, como en una pistola convencional. Este sistema inventado por Beretta genial pero al vez complicado, necesita de una buena lubrificación y de un mantenimiento cuidadoso: si los mecanismos no están bien limpios puede acumularse la suciedad entre los engranajes y producirse pequeños retrasos en el movimiento de los componentes. En otras palabras, la ráfaga controlada de una Beretta 93R mal lubrificada o sucia puede se r de cinco disparos en vez de los tres previstos



Además de necesitar un sistema de control y modificaciones en el grupo de disparo, las pistolas capaces de hacer fuego automático deben gozar de una mayor fiabilidad mecánica porque están expuestas a más tensiones que las pistolas ordinarias. Conscientes de ello, los ingenieros de Beretta modificaron por completo la corredera original de la 92F, dándole una conformación trapezoidal con del fin de hacerla aún más robusta.
Otro cambio importante fue la eliminación del seguro automático en el percutor (en la modalidad a ráfaga), porque, a causa de la extremada rapidez de realimentación del arma, podría haber interferido con el correcto funcionamiento de la misma. La nueva corredera fue combinada con un cañón más largo, que, destinado a imprimir una mayor potencia a la bala, presentaba en su parte anterior un compensador de dos ranuras que servía para atenuar la relevación del arma durante el fuego automático.



El culatin de la Beretta 93R

También el armazón fue sometido a un rediseño en profundidad con el fin de integrarle el sistema de control de ráfaga y el de enganche del culatín. En vez de estar en la corredera, como en la 92F, la aleta del seguro se desplazó al armazón y se reconvirtió en un selectote de tiro: con el indicador en el punto rojo, el arma estaba en seguro; en el punto blanco, en tiro semiautomático;y en los tres puntos blancos, en la modalidad de tres disparos. Naturalmente, también el cargador fue reformado y alargado para aumentar al máximo su capacidad: la Beretta 93R puede llevar 20 cartuchos en el depósito y uno en la recámara, es decir, suficientes para hacer siete ráfagas de tres tiros cada una..

Los técnicos de la firma de Brescia decidieron equipar la nueva pistola con un culatín que le diese más estabilidad en el tiro y la asemejase más a un subfusil. Sin embargo, como no querían aumentar las dimensiones del arma más allá de las de una pistola ordinaria, renunciaron de entrada adoptar un culatín fijo; por el contrario, diseñaron uno plegable y que podía montarse y desmontarse a voluntad. En consecuencia, la 93R puede utilizarse con o sin el culatín; cuando no es empleado, puede llevarse plegado y guardado en una funda pensada para ir sujeta a la pierna izquierda del tirador.

FICHA TÉCNICA
Fabricante: Fabbrica d´Armi Pietro Beretta SpA. Brescia, Italia
Modelo: Beretta 93R
Calibre: 9 mm Parabellum
Longitud del cañón: 156mm, con seis estrias destrógiras
Longitud total: 240 mm
Longitud del culatín: plegado 193 mm; extendido 600 mm
Peso en vacío: 1.129 g
Armazón: de aleación ligera anodinada
Corredera: de acero, de sección trapezoidal reforzada
Funcionamiento: acerrojamiento estable por bloque oscilante
Sistema de disparo: de acción simple, con una presión de 2,2 kg
Seguros: manula en la cadena de disparo, situado en el armazón
Alimentación:cargador prismático de 20 disparos
Liberación del cargador: mediante un pulsador en el costado izquierdo del armazón
Cachas: de madera, atornilladas al a empuñadura
Elementos de puntería: alza en “U” regulable en deriva y punto de mira de rampa
Acabado: en pavón negro, con tratamiento contra le desgaste y los reflejos
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