La Guerra en la Jara

Este es el relato de lo que me contaba mi bisabuela Eládia Ramírez, todos los que te conocimos te guardamos en nuestro corazón, nunca te olvidaremos.

Capítulo I

Corrían tiempos difíciles para todos en España, la guerra afectaba a todas las familias, dividiéndolas, creando odios irreconciliables entre hermanos, las viejas rencillas acumuladas durante años, se desempolvaban y la rabia contenida de décadas se aireaba, las disputas en su mayoría, no eran debidas a ideologías o a discusiones de más altura, los motivos eran de otra índole, afrentas personales por cuestiones nimias, unos metros más allá de la linde de las tierras, la sisa en una fanega de trigo, antiguas peleas de borrachos, todo valía para que la sangre hirviera.  Los tenderos tenían miedo de sus clientes, los gañanes de los arrendatarios, los feligreses de las parroquias observaban desconfiados las miradas desafiantes mientras acudían al oficio religioso.

En este ambiente, la gente de a pié, intentaba capear el temporal y seguir con su vida, pero cuando un bando u otro se hacía con el poder, comenzaban las venganzas, las denuncias, las persecuciones y por último el fatídico “paseillo”.

El pueblo donde se desarrolla la historia, Aldeanueva de Barbarroya, está situado en la comarca de la Jara Toledana, muy cercana a Extremadura, tradicionalmente una de las zonas más humildes de la provincia, la economía, se basaba en las labores del campo y la ganadería, el paisaje está dominado por el bosque bajo, la fragante presencia de Jaras de la cual toma el nombre la comarca, tomillo y otras hierbas aromáticas impregna el ambiente, grandes trozos de granito aparecen de cuando en cuando creando el contrapunto a la vegetación, el río Tajo delimita por el norte las tierras del municipio, haciendo honor a su nombre cortando con una profunda hendidura el terreno circundante, en aquel tiempo muchas familias vivían cerca de sus riveras, cuando se querían desplazar a las localidades vecinas, evitaban el uso de las peligrosas carreteras, muchas veces controladas por elementos armados irregulares, usando un ingenioso sistema al que llamaban “la cuerda”, consistía básicamente en lo que hoy denominamos “tirolina”, una cuerda atravesaba el cauce de un lado a otro, un rustico asiento colgaba de ella y así podían atravesarlo con relativa seguridad.

Capítulo II

Texto: Purple

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