EN CONSTRUCCIÓN

Este Texto fue escrito originalmente por la nieta del protagonista del relato, hoy ya fallecido, he considerado conviniente publicarlo textualmente tal y como aparecía en el blog en el que aparecia, no puedo asegurar si el profesor que rescató este relato para su página modífico algo de el.

Del Frente Español al Frente Ruso

Hilario nació el 17 de marzo de 1919 en Aldeanueva de Barbarroya (Toledo), una pequeña aldea situada en la comarca de la Jara, en Toledo, a treinta kilómetros de Talavera de la Reina.

La guerra lo sorprendió cuando apenas tenía diecisiete años, así que sus recuerdos anteriores no van más allá de las duras jornadas de trabajo en el campo, a las que se veía obligado al ser hijo de un pequeño agricultor. Comenzó a trabajar a muy temprana edad, ya que la vida entonces era muy difícil y en el campo eran muy necesarias las manos. Su vida transcurría, dentro de lo que cabe, tranquila, a pesar de las duras jornadas de trabajo y la escasez de comida.

Los mataban y los tiraban al agua

Un día, al ir a ver las ovejas que cuidaban, notaron la falta de una o dos. Supusieron que algún ladrón, en aquellos tiempos de hambre y escasez, las habría robado y no dieron mayor importancia al incidente. Pero al día siguiente notaron de nuevo que faltaban otras dos o tres ovejas, hasta que al tercer día de robos decidieron quedarse vigilando por la noche.

Efectivamente, esa noche el ladrón volvió a aparecer e intentó llevarse más ovejas. En ese momento Hilario, sus dos hermanos, su padre y su tío lo asaltaron en la huida y le impidieron llevarse las ovejas.

El incidente no habría tenido mayor importancia, si un par de semanas después no se hubieran enterado de que el tipo que robaba las ovejas pertenecía al bando de los socialistas del pueblo vecino, Belvís de la Jara, que se encargaba de asesinar a los partidarios del otro bando, gente rica, curas, etc. Este hombre tenía atemorizada a toda la comarca, pero en Aldeanueva el alcalde, a pesar de ser también republicano o socialista, no permitía estos asesinatos. Su modus operandi era apresar a las víctimas y llevarlas a un puente cercano que había sobre el Tajo, donde las mataban y después las tiraban al agua. Fueron muchos los que, a pesar de todo, consiguieron agarrarse con todas sus fuerzas al borde del puente, entonces con la culata del fusil les golpeaban las manos. Aún hoy en este puente se pueden ver lo que parecen las marcas de los dedos de estos pobres hombres. Unos kilómetros más abajo del puente había un par de hombres, con unas varas de madera muy largas, que empujaban los cuerpos, que la corriente llevaba río abajo, cuando se enganchaban en la orilla.

"¡Buenas noches camarada!"


Un buen día estaban todos sentados en la puerta de su casa, cuando este hombre pasó con sus compañeros. Se dirigió entonces al padre de mi abuelo, agarró su silla por detrás y tiró de ella mientras le decía en tono sarcástico: «¡Buenas noches, camarada!». Todos se asustaron mucho y al día siguiente, 22 de noviembre de 1936, mi abuelo decidió alistarse en el ejército franquista. En sucesivas semanas se fueron alistando sus hermanos, padre, tíos, etc. Para pasar a la zona “nacional” había que ir a un tramo del río Tajo, cercano al pueblo, donde había un cable con un arnés mediante el cual se cruzaba el río. La otra orilla era ya territorio de los “nacionales”.

En el frente aprendió a leer y escribir


Hilario fue destinado al octavo batallón de Cádiz, en el que combatió desde marzo de 1938 hasta abril del año siguiente, cuando acabó la guerra. Durante este período fue ascendido a cabo.

Cuenta mi abuelo que, cuando no tenían que combatir, cada uno se dedicaba a lo que quería. Él se compró unos libros y aprendió a leer y escribir ayudado por un compañero. Después se interesó sobre todo en la geografía y las matemáticas y llegó incluso a dar clases particulares en algunos momentos de su vida, lo que le ayudó en más de una ocasión a comprarse el pan del día.

Aquello era un Infierno

Al terminar la guerra, fueron enviados a la base de Badajoz, donde se pedían voluntarios para apoyar a las tropas alemanas. Mi abuelo se alistó en la División Azul, pensando en dos posibilidades: cumplir su ilusión de ascender a sargento y así cobrar un sueldo que le permitiera vivir cómodamente o bien la posibilidad de morir en la guerra, lo cual en aquellos tiempos de escasez, afirma, podría ser hasta un alivio para su pobre padre, que tenía que trabajar de sol a sol para que malvivir con su mujer y sus cuatro hijos.

En la II Guerra Mundial Hilario combatió en Rusia, en Leningrado, Stalingrado y Kiev, en la 2ª Compañía de Antitanques, durante diecisiete largos meses, desde abril de 1943 hasta agosto de 1944. En este período tuvo dos ocasiones de ascender a sargento, pero las rechazó al enterarse de que los sargentos no tenían relevo, debían permanecer en el frente hasta que terminase la guerra, algo que, según sus propias palabras, «no estaba dispuesto a hacer, pues aquello era un infierno... allí los soldados soportaban temperaturas de hasta 50 grados bajo cero, mientras veían bajar enormes bloques de hielo por un riachuelo cercano».

De su experiencia en esta guerra mi abuelo recuerda como los alemanes ganaron más de un combate: «Cuando veían que les iba mal, enviaban camiones en los que supuestamente venían refuerzos. Entonces los rusos, al ver que los iban a superar en número, emprendían retirada. Lo curioso es que los alemanes los engañaban, los camiones venían vacíos».

Listo y cumplidor

Mi abuelo también tuvo recursos para sacarse un sobresueldo durante su estancia en Rusia: Al ser uno de los pocos soldados españoles que sabía leer y escribir, además de su labia y recursos, siempre sacaba algunas pesetillas escribiendo cartas para las novias de todos los soldados de su compañía.

En total fueron seis duros años de servicio militar en los que Hilarlo fue galardonado con cuatro medallas y tres cruces al mérito militar. Según sus propias palabras, «yo no me considero ni me consideré nunca un valentón, simplemente me gustaba cumplir o aproximarme lo más posible a lo que se me ordenaba».

Veías a la gente con la barriga hinchada del hambre

Cuando Hilario volvió a España, apenas unos meses antes de que terminara la guerra, lo que lo salvó de caer prisionero, se encontró con un país mucho más desolado, si cabe, que cuando se había ido. La situación era terrible y no fueron pocas las personas que vio morir de hambre por las calles.

«Cuando ibas caminando, veías a la pobre gente con la barriga hinchada del hambre, comiéndose hasta las cáscaras de las naranjas que otra gente tiraba en la calle. Yo siempre me considero muy afortunado por haber sobrevivido, porque en aquellos tiempos todo el mundo tenía que pasar algún día sin llevarse algo a la boca, pero pudimos salir adelante».

Pero no fue tan fácil. Por aquel entonces se trabajaba en lo que se podía y así mi abuelo trabajó como panadero, carnicero... e incluso se jugó el pellejo en alguna corrida como torero. Cualquier cosa valía con tal de sacar unas pesetas.

Finalmente encontró un puesto fijo como sereno en su pueblo natal, profesión que ejerció durante treinta y cinco años. Pero aún así la vida siguió siendo muy dura y muchas eran las noches que, ya casi amaneciendo, Hilario llegaba a su casa, se quitaba el uniforme y, cuando se iba a poner el pijama para acostarse (¿), escuchaba la voz de su hermano Benito que le decía que tenían que ir a podar los olivos, a varear, etc...

Se pasaba mucha hambre y se trabajaba muy duro


Se Pasaba Mucha Hambre Y Se Trabajaba Muy Duro

El juicio que ahora hace mi abuelo de aquella época es que «fueron tiempos de mucha escasez, en los que se veían cosas terribles. Se pasaba mucha hambre y se trabajaba muy duro, pero todos los esfuerzos merecieron la pena, ya que tu abuela y yo conseguimos sacar adelante una familia y dar estudios a nuestros hijos en los mejores colegios de Toledo. Ahora estoy muy orgulloso de mis hijos, ya que con las pocas expectativas de futuro que podían tener en aquellos años, mi hijo es concejal de cultura y mi hija estudió periodismo y después decidió sacarse el titulo de auxiliar de enfermería».

Sobre las ideas políticas que tomó al alistarse en el bando “nacional” dice que «no me arrepiento. Es más, estoy muy orgulloso y creo que el tiempo me ha dado la razón, ya que yo creo que durante la época que han gobernado los socialistas el país tenía muchos más problemas de los que tiene ahora».

D. R. B., curso 2001-2002

Este texto es publicado unicamente con caracter educativo y divulgativo, si el autor o algún afectado por el relato tiene algún inconveniente por favor ponganse en contacto con el correo electrónico asesairsoft@gmail.com